Mateu Servera para Asociación de Personas con TDAH de Mallorca.
Breve post de preguntas, respuestas y recomedaciones sobre el mantenimiento de las rutinas en verano
Los cambios de rutina puede afectar en mayor o menor medida a todos los niños, pero los que presentan alguna neurodivergencia lo experimentan de forma más intensa.
En el caso del TDAH, existe una dificultad de base con la autorregulación y las funciones ejecutivas: planificar, organizarse, gestionar el tiempo, ponerse en marcha, frenar.
Las rutinas del curso hacen de andamio externo: organizan por ellos lo que su cerebro todavía les cuesta organizar solo. Cuando este andamio cae, la dificultad interna queda al descubierto: más desorganización, más desregulación y, a menudo, más conflicto. Y existe un punto poco intuitivo: el tiempo libre sin estructura no les resulta más fácil, sino más difícil; les lleva a la necesidad compensatoria, e incluso ansiosa, de buscar la estimulación que echan en falta.
Es muy recomendable, pero con un matiz importante: el objetivo no es convertir el verano en un curso escolar dentro de casa. Hablamos de mantener varios puntos de referencia, unas anclas, no un horario rígido. Se trata de combinar previsibilidad con flexibilidad, porque también son vacaciones y también deben descansar.
Las anclas más importantes son éstas:
En verano el tiempo de dedicado a las pantallas tiende a hincharse por sí mismo, porque hay más tiempo vacío y menos estructura, y la pantalla es lo que llena el vacío con menor esfuerzo. La recomendación general es pactar de antemano unos límites claros y realistas —cuándo, dónde, cuánto rato y qué— y ser coherentes; proteger el sueño dejando las pantallas lejos de la hora de acostarse; mantener las comidas y los ratos en familia sin pantallas; y equilibrarlas con otras actividades. Y, como siempre, predicar con el ejemplo.