Post inicialmente generado por IA, con revisión posterior, de una entrevista a Uta Frith publicada en TES Magazine, el 4 de marzo de 2026 (link)

<aside>

«Cada vez siento más la presión de reflexionar seriamente sobre este problema», afirma Dame Uta Frith, refiriéndose al aumento exponencial del número de jóvenes diagnosticados con autismo.

Según el Institute for Fiscal Studies, el número de niños con Planes de Educación, Salud y Atención (PESA) para el trastorno del espectro autista casi se triplicó entre 2015 y 2025, lo que representa el 40 % del aumento total de PESA (link)

Este aumento ha ejercido una presión sin precedentes sobre las escuelas y ha llevado al gobierno británico a incluir el autismo como tema central de una revisión independiente sobre la creciente demanda de servicios de salud mental, TDAH y autismo, cuyo informe se publicará a finales de este año. (link)

Frith, profesora emérita de desarrollo cognitivo en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres (UCL) y pionera en gran parte de la investigación que sustenta nuestra comprensión actual del autismo, acoge con satisfacción dicha revisión.

Según comenta, está “muy contenta de ver que se están tomando medidas para comprender por qué ha habido un aumento tan drástico en los diagnósticos de TEA y por qué tenemos listas de espera tan largas. La situación actual es crítica y hay que hacer algo”.

</aside>


  1. Contexto Actual y la Crisis de la Demanda Diagnóstica

En la última década, el panorama de las Necesidades Educativas Especiales y Discapacidades ha experimentado una transformación que amenaza la viabilidad operativa de las instituciones. Entre 2015 y 2025, el número de niños con Planes de Educación, Salud y Cuidado (EHCP) vinculados al autismo se ha triplicado, representando el 40% del incremento total de estos planes. Este crecimiento exponencial no es un mero ajuste estadístico; representa una crisis de demanda que exige una intervención estratégica inmediata para evitar la bancarrota sistémica de las disposiciones de apoyo. En este contexto, la revisión independiente gubernamental se posiciona como una herramienta crítica de estabilización frente a un sistema que se encuentra al borde del colapso funcional.

Uta Frith, figura seminal en la neuropsicología del desarrollo, ha manifestado su respaldo a esta revisión, rompiendo una reserva previa motivada por la volatilidad política del tema. Sus preocupaciones estratégicas se centran en tres ejes fundamentales:

La magnitud de esta crisis obliga a una transición conceptual: debemos pasar de la gestión de la demanda a la reevaluación científica de la definición misma del autismo.

  1. La Deconstrucción del Concepto de "Espectro"

La definición clásica de lo que es el autismo, que ella misma ha trabajado durante décadas, es clara: trastorno del neurodesarrollo, presente desde el nacimiento, con dificultades en la comunicación e interacción social, y comportamientos repetitivos o restrictivos (incluyendo intereses muy acotados y problemas sensoriales). Esta definición básica no ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es su interpretación.

Frith explica que la idea de espectro surgió para incluir casos “no tan típicos” que no encajaban en la categoría clásica. El problema es que el espectro se fue ampliando progresivamente por factores culturales hasta incluir a personas que difícilmente habrían recibido un diagnóstico en el pasado. Esto ha llevado a lo que ella llama el colapso del espectro: ya no hay nada que una de manera coherente a todas las personas diagnosticadas como autistas, con lo que el diagnóstico pierde significado clínico. .

Las consecuencia de esta laxitud diagnóstica es que la visión tradicional —un trastorno con bases biológicas claras y dificultades marcadas en la comunicación— se ha visto desplazada por una narrativa de neurodiversidad universal. Frith es tajante al respecto: si todos somos neurodiversos porque cada cerebro es diferente, el diagnóstico médico pierde su significado.

<aside>

En un espectro que pretende abarcarlo todo, la etiqueta deja de ser una herramienta clínica para convertirse en un constructo social vacío que no informa ni sobre el origen biológico ni sobre la intervención necesaria.

</aside>

Además, desde el punto de vista de las políticas sociosanitarias y educativas, la precisión diagnóstica es el único garante de una asignación de recursos eficiente. De lo contrario, se entra en una espiral de confusión donde los recursos nunca son suficientes y, a menudo, no van a las personas que realmente los necesitan.

Para recuperar la integridad de la ciencia neuropsicológica, Frith propone fragmentar esta población en subgrupos manejables y científicamente válidos.